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Historias de Estudiantes

Acá encontrarás muchas historias de estudiantes chilenos que han viajado por el mundo con AFS

AFS está lleno de historias. Historias que no se olvidan.
AFS es encuentros en distintas partes del mundo, AFS es una nueva familia, AFS es amigos en todas partes.

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*Como estar en casa*

Desde que llegué a Bélgica me pregunté un montón de cosas, tal como supongo que el resto de los AFS‘ers hizo.
Apenas llegue a mi familia, unos cuantos días después del primer campamento de AFS, fueron súper simpáticos, y yo estaba muy nervioso por el tema de las reglas de la casa. Cuando se me ocurrió preguntarles cuales eran las reglas de la casa, me dijeron que sólo había una, si te terminas la botella de agua en la mesa, tienes que ir a buscar una nueva. Son personas realmente acogedoras y en estos casi dos meses que llego en Bélgica Flamenca, muchas veces me he sentido realmente en casa. Cuando estoy cansado y vamos de vuelta a la casa, ya empiezo a sentirlo como un hogar.
En mi casa tengo tres hermanas y un hermano. Todos son realmente diferentes, pero todos han sido muy acogedores conmigo. Se han tomado el tiempo de explicarme las cosas y también están muy interesados de como son las cosas en el lugar donde nací.
Cuando nosotros vamos al colegio, hay veces que nuestro «Papá» (yo lo llamo Peter) nos va a dejar, y otros días que tenemos que ir en bicicleta. Son trece kilómetros y realmente siento el cambio a como era en Santiago, donde sólo caminaba dos cuadras y estaba en mi colegio.
Creo que mi experiencia, hasta este punto ha sido muy buena y espero que mejore. Ahora sólo le pongo empeño a forjar relaciones de amistad y aprender el idioma tan raro que hablan aquí, el neerlandes.
Tot ziens!

Tomás Saavedra (Santiago - Bélgica Flamenca)
Foto 1: Tomás y su hermano anfitrión

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*En Austria no hay mar...*

«Nunca se sabe lo que te traerá el viento»
Hoy iba a ser un día normal, o por lo menos eso pensaba yo. La rutina estaba impregnada en todo lo que hacía; levantarme, tranvía, colegio, caminar, tranvía. Pero nunca pensé que lo que me había traído el viento me cambiaria el día. Estaba caminando por Taubenmark, como siempre,
cuando de pronto, casi imperceptible, un olor a mar apareció en mi nariz. «En Austria no hay mar» pensé para mí misma. Negué con la cabeza y seguí caminando, con la terrorífica idea de que hacía tanto que no olía la espuma salada que tal vez ya había olvidado el olor.
Entonces fue más fuerte y más fuerte. En seguida vino a mi mente una playa de olas bravas y viento impredecible. Una playa que conozco muy bien, esa que ha acogido tanto penas como alegrías, que me ha hecho suspirar bajo su cielo estrellado o que me ha hecho transpirar ante el ardiente sol.
Ese lugar tan tuyo y tan mío. Donde todos somos niños y nos atrevemos a lanzarnos bolas de arena mojada, donde construimos castillos de arena llenos de sueños, donde más de alguna vez hemos sido víctimas de las feroces olas. Me acorde de cómo nos reíamos a carcajada batiente cuando salpicábamos al otro con la gélida agua, de nuestras caras de tristeza cuando teníamos que irnos, deseando que Pichidangui siguiera igual al año siguiente. Esperando, con ansias, que el siguiente verano llegara pronto para poder volver a ser nosotros mismos.
Entonces el sonido de una bocina me saco de mis cavilaciones. Edificios antiguos, tranvía, bicicletas, turcos, gente moviéndose. En resumen, Austria. Gire la cabeza y me di cuenta que el olor era del Nordeen See. Ese restaurant de pescado que tanto me gusta. Sonreí, irónica, por un minuto pensé que de verdad estaba en la playa. No fue angustia ni ganas de volver lo que sentí en ese minuto, sino que fue la esperanza de saber que Pichidangui y mi Chile iban a seguir igual cuando yo volviera. Sonreí y continué mi paso, agradeciéndole al viento que me hubiera hecho acordarme de ti, de mi Chilito, de mi playa favorita en el mundo, de la gente a quien amo.
Porque, por más que mi idioma este cambiando, por más que la cultura europea me este influenciando, por más que tal vez cuando vuelva este distinta, sigo siendo y siempre seré esa niña que le gusta jugar a las guerras de arena con su papá.

Valentina Carvajal (Santiago – Austria)

Foto 2: Valentina junto al río

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*¡¡El fabuloso Veneciad*

Vivo en una familia muy activa. Siempre están haciendo muchas cosas. Hablamos en sueco en casa, porque como algunos sabrán, en Finlandia hay dos lenguas suomi (finés) y svenska (sueco). Este tema es un poco complicado, porque vivo en una familia sueca, voy a un colegio sueco, pero todo en la calle, los servicios, la publicidad y productos están en finés, el sueco es una minoría.
Salgo del colegio a las 14:00 hrs. y algunos días a las 12:00 hrs. Muy temprano. Tienen un sistema educacional muy diferente. Hago muchos deportes, estoy en el equipo de voleibol, clases de patinaje en hielo con mis hermanas y esta semana empiezo con baile…ah!! y ando mucho en bicicleta, ¡¡para todos lados en bici!! La ciudad está llena de ciclovías.
Mi familia es muy entretenida y acogedora. Hemos hecho muchas cosas, como andar en bote, recorrer la ciudad, celebrar «el veneciad»», que es una fiesta típica de Kokkola, mi ciudad, en la que se celebra el fin del verano.
Estoy muy bien y le doy las gracias a todos los que se han preocupado por mi. Gracias por los mensajes en facebook o los lindos mails que me han mandado. Acá les mando una foto en el Veneciad, en una competencia de bote a remo.
Los quiere mucho Carolina Wendt (Castro – Finlandia)

Foto 3: Carolina en el Veneciad.

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*Encontrando la seguridad al otro lado del mundo*

Hola soy Estefany, estoy en Sardegna, Italia y ya son tres meses desde que partí. Tres meses que ya me hacen ver la vida de una forma diferente, tres meses en los que he conocido gente maravillosa, tres meses que me han parecido una semana.
Antes de partir era otra Estefany, con pensamientos y gustos diferentes. El echo de estar lejos de la seguridad de tu hogar, de tu familia y de la gente a la que estas acostumbrado a ver todos los días te hace crecer y ver la vida desde otro punto de
vista.
Yo tuve la suerte de llegar a una familia maravillosa. Se llaman Mario Chessa y Mónica Carta, no tienen hijos, o sea sí, una hija YO :)
Los veo realmente como mis padres y ellos me ven como su hija. Cuando hablo de mi mamá Mónica, nos parece imposible que sólo nos conozcamos tres meses, pareciera toda una vida. A este punto me conocen a la perfección. Cuando me presentan dicen: esta es mi hija Estefany.
Ya no me siento una turista, de a poco conozco las calles, los lugares y hasta me toca dar indicaciones a los extranjeros como yo. Es impresionante, me siento sarda y amo sentirme así.
Cada día doy gracias a Dios por lo afortunada que soy, tengo 4 padres, dos ciudades, dos países, doble de todo. Soy inmensamente feliz.
Nunca pensé que esta experiencia podría ser así de importante en mi vida. Nunca pensé sentirme tan bien y aprender tanto.
Sólo estoy tres meses y ya hablo bastante bien el italiano, a mi mente le cuesta trabajo hablar en español lo que significa que estoy insertándome a la cultura italiana.
Baci e abracci.
En la foto G abrielle (un amigo de la familia), mi tío Lele, yo, mi mamá, mi papá y un amigo de mi tío. Estefany Aguirre Loayza Chessa (Arica – Italia)

Foto 4: Estefany junto a su familia anfitriona

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